Historia
 
 
 
 
 
 
 
Relatar la historia de la fundación y de sus orígenes con
el comedor Los Carasucias, no es más que revivir sentimientos y emociones.

Es casi imposible cuando se menciona a Los Carasucias,
o los pibes de la calle, dejar de hablar de MÓNICA CARRANZA. Es una asociación casi natural, espontánea, tal vez porque aún hoy ninguna de sus heridas se han cerrado, y sigue sintiéndolos mismos miedos, las mismas dudas, la misma incertidumbre que de la calle ha recogido.

 

El comedor Carasucias, tiene sus orígenes a comienzos de los 90, cuando Mónica le dio a dos chicos unos sándwiches que fueron los andamios de una obra nacida con el color y el aroma de la lucha, del dolor que siente todo aquel que brega inmerso en la soledad. Esos pibes, que día tras día fueran muchísimos más de los pensados, nunca supieron que la misma mujer que les cocinaba, por la noche confeccionaba las flores que de día vendía o canjeaba por alimentos para sorprenderlos no solo con un plato de comida, sino con una sonrisa que reflejaba esperanza, con una palabra que los entendía y comprendía tal vez como nadie o como ninguna.

Con el tiempo la noticia de que una mujer daba de comer se comenzaba a difundir se comenzaba a producir el milagro. Muchísimas personas de todas partes se acercaban a traer alimentos, pero también se sumaban más y más Carasucias. Entonces Mónica decidió darles de comer en una plaza cercana hasta que un día, como para no dejarse vencer hipotecó su casa y alquiló un galpón. Inmenso, enorme donde hasta hoy comen las 2.500 familias, aparte de refuerzos alimentarios a más de 1.500 chicos desnutridos y enfermos de Sida, diabéticos, tuberculosis y otras enfermedades.

Las actividades que la fundación realiza, aparte del comedor, podés verlas ingresando a Nuestras Actividades en el menú principal de la web.

Mientras la fundación crece, crecen sus ambiciones, sus sueños, sus anhelos que al cabo de un tiempo se verán reflejados en obras, hechos y acciones orientados a calmar el dolor de miles de personas que encuentran en la FUNDACIÓN LOS CARASUCIAS un lugar… su lugar, el que tal vez hacía mucho tiempo estaban buscando.

Después de 20 años de lucha, Mónica falleció el 28 de diciembre de 2009, pero su legado continúa. Ahora la fundación está a cargo de su hijo: Roberto Zuccarino. “Una herencia enorme” dice Roberto, comprometido a que Los Carasucias siga creciendo, con el objetivo de que no le falte lo elemental a los que más necesitan.